Olabarria, L. (2025). Making
Memories in Ancient Egypt. Cambridge University
Press. 90 páginas.
La reciente obra
de Leire Olabarría constituye una aportación fundamental para los estudios
sobre el antiguo Egipto, ya que aborda con originalidad y profundidad el tema
de la memoria desde una perspectiva interdisciplinaria. Se trata de un trabajo que
revitaliza el debate académico en torno a la construcción social del pasado en
la cultura egipcia y establece nuevos paradigmas metodológicos al integrar
enfoques arqueológicos, antropológicos y teóricos sobre la memoria.
Es en el capítulo
inicial, “Memoria y materialidad: fundamentos teóricos”, donde plantea el marco
conceptual con el que trabaja a lo largo de la obra. Parte de una exhaustiva
revisión crítica de las teorías sobre memoria, desde los planteamientos
clásicos de Halbwachs hasta las contribuciones más
recientes de Jan Assmann. Al
respecto, resulta muy valioso su análisis de las limitaciones del modelo de memoria
cultural cuando se aplica al contexto egipcio, destacando cómo este modelo ha
privilegiado lo textual sobre lo material.
“Arqueología de la
memoria: un enfoque integrador”, el segundo capítulo, es el escogido para su
propia propuesta metodológica. Lo inicia señalando las limitaciones de los
estudios tradicionales, los que suelen disociar el análisis textual del examen
de la cultura material. De ahí que, frente a esta fragmentación, proponga un
modelo integrador que concibe inscripciones y objetos como elementos indisociables
en la producción y transmisión de la memoria. A este enfoque lo denomina
"arqueología social de la memoria", constituido por tres dimensiones articuladas
entre sí: la materialidad activa de los artefactos, la performatividad ritual y
la espacialidad significativa de los contextos arqueológicos.
Siguiendo esta
línea explicativa, en los dos capítulos siguientes: “Tecnologías de la
remembranza en el Reino Antiguo” y “Ritual y performance en la construcción
memorial”, Olabarría aplica los conceptos a casos concretos del periodo
faraónico. Para ello, analiza cómo las prácticas funerarias, las
representaciones iconográficas y los textos autobiográficos funcionaban como sistemas
integrados para la preservación de la memoria. Se destaca aquí su examen de las
"fórmulas de audiencia" en las tumbas privadas, ya que demuestra cómo
las inscripciones estaban diseñadas para generar respuestas performáticas en
los visitantes. Es este marco teórico-metodológico el que le permite examinar
cómo monumentos, estelas y prácticas rituales no eran meros contenedores
pasivos de información, sino dispositivos dinámicos que activaban la memoria a
través de la interacción social.
El capítulo escogido
para presentar el funcionamiento de su propuesta es el quinto, “Abydos como paisaje de memoria”, en él, mediante un
análisis detallado de las estelas de Nefernay (Reino
Medio) aplicado sobre su iconografía, disposición espacial y textos, demuestra cómo
estos objetos funcionaban como nodos de un campo semántico colectivo. En esta
red de significados la representación visual, las fórmulas de ofrenda y la
ubicación en el paisaje sagrado confluían para construir y perpetuar la memoria
colectiva. En este apartado resulta particularmente innovador su análisis de
los "códigos sonoros" en las fórmulas de ofrenda, es decir, los juegos
de palabras destinados a activar la memoria sensorial.
En el capítulo
siguiente la autora extiende su investigación a periodos posteriores, en los
que examina cómo los mecanismos de memoria se vinculaban con la legitimación
del poder real; el análisis que propone de los rituales de renovación real en
los templos tebanos muestra cómo la memoria se actualizaba periódicamente a
través de performances rituales que vinculaban al faraón con el mundo divino.
Los capítulos “Memoria
y género en el Egipto antiguo” y “Más allá de lo humano: animales y memoria”,
son reservados a la exploración de dimensiones menos estudiadas de la memoria
egipcia. Aunque pueden resultar breves, estos apartados ofrecen perspectivas
sugerentes sobre el papel diferencial de mujeres y hombres en las prácticas
conmemorativas, así como sobre el rol de los animales en los rituales
memoriales.
El capítulo final,
“Hacia una egiptología de la memoria”, sintetiza las principales contribuciones
teóricas del estudio. Olabarria argumenta aquí que
los antiguos egipcios concebían la memoria no como representación del pasado,
sino como su actualización permanente a través de tecnologías culturales
específicas. Esta perspectiva, que desafía nociones occidentales modernas sobre
la historicidad, tiene implicaciones que trascienden el ámbito egipcio.
Con todo, la obra
no elude las complejidades metodológicas inherentes al estudio de sociedades
antiguas, ya que manifiesta de manera clara los desafíos de interpretar fuentes
egipcias desde categorías contemporáneas, más aún si se busca evitar caer en
anacronismos. Su propuesta metodológica —que combina epigrafía, arqueología del
paisaje y análisis iconográfico— ofrece herramientas valiosas para futuras
investigaciones, estableciendo un nuevo estándar en el campo.
En términos
formales, la claridad expositiva de su autora hace que el libro sea accesible
para especialistas como para estudiantes avanzados. Además, ofrece a los
lectores un apéndice que incluye traducciones de inscripciones clave y
reconstrucciones 3D de contextos arqueológicos, recursos que amplían su
utilidad didáctica.
En definitiva, nos
hallamos ante una contribución académica excepcional, donde el rigor filológico
y la sofisticación teórica se alían para ofrecer una visión renovada de la
memoria en el antiguo Egipto.
Perla Silvana Rodríguez
Instituto de Investigaciones en
Ciencias Sociales y Humanidades (UNSa – CONICET)
Universidad Nacional de Salta
Universidad Nacional de Jujuy
rodriguezperla@hum.unsa.edu.ar