REVISTA ANDES. PALABRAS ACERCA DE UN

RECORRIDO EDITORIAL COLECTIVO

 

ANDES JOURNAL. WORDS ABOUT A COLLECTIVE EDITORIAL JOURNEY

 

 

Telma Chaile

Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Universidad Nacional de Salta

Directora Revista Andes

telmachaile@gmail.com

 

María Cecilia Castellanos

Instituto de Investigaciones en Ciencias Sociales y Humanidades

Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas,

Universidad Nacional de Salta

Codirectora Revista Andes

cecicastellan88@yahoo.com.ar

 

 

Revista Andes. Antropología e Historia comenzó su trayecto editorial en el primer semestre del año 1990, publicada por el CEPIHA, Centro Promocional de Investigaciones en Historia y Antropología, instituto de la Facultad de Humanidades de la Universidad Nacional de Salta. ¿Por qué tener en Salta una revista que se llame Andes? En la introducción que abre ese Número inicial, coordinado por Erick Langer, decía este investigador:

 

Desde la perspectiva contemporánea, donde el Litoral (y Buenos Aires en particular) domina el país, es difícil pensar en la Argentina como país andino. Sin embargo, en alguna medida es una realidad que tiene profundas raíces históricas (Langer, 1990, p. 7).

 

 

Así, el título de la revista recupera una integración de larga duración del norte argentino a una región andina que es amplia, diversa y con dinámicas que permiten comprender procesos propios de este lugar del planeta y de América Latina en general (Langer, 1990, pp. 7-10).

Los volúmenes iniciales editados por Andes incursionaron en torno a temáticas para distintos periodos y diversos espacios, entre las cuales se encuentran: tenencia de la tierra y relaciones laborales, sociedad urbana y familia, sociedad y producción campesina, sociedades indígenas, comercio regional, intercambios mercantiles y participación indígena, etnicidad y fronteras; expansión de la frontera agraria; estructura urbana; levantamientos indígenas; impacto del capitalismo; elites y construcción de linajes, redes sociales y poder; población y producción; experiencias de esclavizados; política y gobierno; Iglesia, estado y poder; estado y comunidades indígenas, movimientos obreros; expansión inca en el noroeste argentino; arte rupestre. En las últimas publicaciones se ampliaron las disciplinas y los temas, incorporando artículos sobre: religiosidad, insurgencia revolucionaria, patrimonio, género y disidencias, didáctica de la historia, políticas educativas.

Entre las temáticas de los dossiers se hallan: las sociedades formativas en el NOA; Usos e interpretaciones de la violencia en América Latina de los siglos XVII, XVIII y XIX; Últimas lecturas sobre la gobernación del Tucumán: sociedades indígenas, invasión española y sistema colonial; Muertes, rituales y políticas en pandemias; Didácticas específicas en la formación de los profesorados en Historia y Filosofía. Configuraciones, tensiones y consolidación; Cuarto Congreso Nacional De Arqueología del Arte Rupestre Argentino (CONAR).

Varios de estos temas escuetamente reseñados dan cuenta de la agenda de investigación en humanidades y ciencias sociales, de avances de investigación en distintos momentos desde fines del siglo XX y de derroteros particulares. En tanto avances, aquellos resultados formaron con posterioridad parte de tesis de posgrado y/o libros en varios casos. Publicaron en la revista investigadoras e investigadores de la talla de Tristan Platt, Gustavo Rodríguez Ostria, Andrés Guerrero, Jean Piel, Luis Miguel Glave, Nidia Areces, Enrique Tándeter, José Luis Martínez, Miguel Bartolomé, Ana María Lorandi, Josep Fontana, Jorge Cordeau, Rolena Adorno, Carlos Sempat Assadourian, Juan Carlos Garavaglia, Silvia Palomeque, Ana Maria Presta, Daniel Santamaría, Beatriz Vitar, Álvaro Martel, Roxana Boixadós, Judith Farberman, Mariet Albeck, Myriam Tarragó, Eduardo Berberián, Daniel Delfino, Raúl Fradkin, Gabriel Di Meglio, Ana Teresa Martínez, Lorena Rodríguez, Carlos Angiorama, Sonia Tell, Isabel Castro Olañeta, Laura Quiroga, María Elena Barral, Valentina Ayrolo, Gustavo Politis, Gabriela Sica, Gabriela Ortíz, Constanza Taboada, Norma Ratto, Cristina Bellelli, por mencionar a algunas personalidades de un conjunto extenso. De nuestra casa de estudios: Héctor Rodríguez, Elena Altuna, Laly Figueroa, Zulma Palermo, Sara Mata, Catalina Buliubasich, Ana de Anquín, José Miguel Naharro, Germán Giménez, Rosanna Ledesma, Marcelo Marchionni, Gabriela Caretta, Isabel Zacca, Bárbara Aramendi, Hernán Sosa, Christian Vitry, Clara Rivolta, Irene López, Silvia Soria.

Nuestro agradecimiento a todas estas contribuciones y a quienes a lo largo de 35 años colaboraron y colaboran de manera ad honorem con las tareas de evaluación de los artículos, de su gestión y producción editorial. Algunas de ellas y algunos de ellos, como Guillermo Madrazo, Laly Figueroa, Marcelo Marchionni, Eleonora Mulvany, ya no nos acompañan en este transitar, pero han dejado en la revista una impronta que aún se conserva. También queremos agradecer el apoyo del ICSOH, de la Facultad de Humanidades y del Portal de Revistas Académicas y Científicas de la Universidad Nacional de Salta que hacen posible la continuidad de Andes y garantizan el acceso abierto de su contenido sin restricciones.

Empezar a publicar Andes en 1990, en pleno periodo de gobierno neoliberal en Argentina, fue todo un desafío al mostrar que se hacía investigación científica desde el norte del país y al posicionar a la Universidad Nacional de Salta, desde su Facultad de Humanidades, en el campo de las publicaciones de divulgación del conocimiento científico. Como mencionó Sara Mata en la nota editorial de Andes N° 7 de 1996, la revista buscaba ofrecer a investigadoras e investigadores de una diversidad de disciplinas la posibilidad “de poner a consideración de los colegas y de la comunidad en general el resultado de sus tareas, compartiendo con todos nosotros sus reflexiones y conocimientos” (1996, p. 9). Hoy conmemoramos y festejamos ese recorrido editorial, los esfuerzos colectivos para dar permanencia a la divulgación de resultados de investigaciones disciplinares y las voluntades colaborativas de un conjunto de personas y equipos de trabajo de la universidad pública y del CONICET para sostener la periodicidad, porque el todo es más que la suma de sus partes.

Pensando desde un presente en el que las ciencias sociales son cuestionadas en su utilidad, donde se imponen los ajustes presupuestarios y se condena a las universidades y a las instituciones científicas al desfinanciamiento, recuperamos palabras del historiador Jean Piel, expresadas durante el Simposio Internacional “Procesos regionales. Etnicidad y estructuras de poder en los Andes. Fin de la colonia y siglos XIX y XX”, organizado por el CEPIHA y la Facultad de Humanidades de la UNSa, en 1993, cuyos trabajos fueron publicados en el volumen 6 de Andes.

 

…si las ciencias sociales pueden tener una utilidad, es precisamente demostrar que lo que es no tenía obligatoriamente que ser y que si no tenía obligatoriamente que ser, es que podrían ser en otra forma. No sé si eso es utópico, pero es un producto del análisis crítico. Y claro, que por eso quizás en ciertos países latinoamericanos, todavía hoy las ciencias sociales tienen mala fama frente a ciertos sectores dominantes (Piel, 1995, p. 178).

 

 

Recorrer estos 35 años nos ha llevado a retomar los artículos publicados, a hacer nuevas lecturas y repensar las problemáticas analizadas. Muchas de ellas, aún vigentes. En el primer volumen de Andes, los conflictos y las estrategias en torno a la tenencia de la tierra fueron uno de los ejes centrales de la publicación; tema que siguió siendo abordado y analizado a lo largo de los años de la revista y que en la actualidad es uno de los problemas fundamentales de nuestra región. Entre 1877 y 1878, en Santa Catalina, en la puna jujeña, en un contexto acerca del cual solo mencionamos en este escrito a la lucha indígena por la devolución de sus tierras comunales, Laureano Saravia, Juez de Paz del Departamento:

 

a una consulta de arrenderos de Guayatayoc aconsejaba no pagar los arriendos a los propietarios hasta tanto se determinara si las tierras de la puna eran fiscales o no. Y en franco desafío a los propietarios, agregaba “ustedes tienen el derecho a defenderse y haser respetar sus intereses y personas”.

Muy poco tiempo después los propietarios experimentarían las consecuencias de la circulación de la carta. En junio de 1878, en la finca de Oros y Merco, al Oeste del departamento, los propietarios Calixto Esquibel y Anselmo Estopiñán, quienes trataban de recolectar los arriendos anuales, encontraron que sus arrenderos contaban con una copia de los consejos de Saravia. Esquibel les arrebató la carta “a tirones” y la leyó en voz alta a los arrenderos. La reacción de los arrenderos fue inmediata. La carta le

fue quitada por cuatro mujeres que an sido [la de] Felis Carlos, su hija Magdalena Colquy, Micaela Colquy y Mercedes Colquy quienes con mas sus deudos y otros arrenderos que presentes se hallaron quienes apechugandose al Señor Esquibel lo tomaron unas del cuello otras del poncho y de las manos hasta quitarle esta horden (Paz, 1995, pp. 218-219).

 

 

Conocer acerca de las relaciones de poder vigentes en sociedades del pasado y contemporáneas, de las estrategias de supervivencia y resistencia de grupos subalternos, de sus producciones culturales, implica construir conocimiento y discutir acerca de ello. Este constituye uno de los compromisos de la academia con la sociedad, teniendo como horizonte contribuir a su transformación para reducir la desigualdad y generar posibilidades de formación y de profesionalización para todas y todos. La difusión de esos saberes y su accesibilidad desde instituciones públicas es sólo uno de los caminos en ese trayecto.

Finalmente, queremos compartirles un fragmento escrito por el creador de la revista, Guillermo Madrazo, quien publicaba en el número del décimo aniversario:

 

cada investigador social -en este caso, cada historiador- tiene el derecho indudable de abordar cualquier tema con perspectiva teórica, siempre que sea con el debido rigor científico. Pero cuando lo que se analiza es una situación de discriminación, opresión, explotación o cualquier otra forma de injusticia, hay que ir hasta el fondo, lo que sin duda implicará poner al descubierto el juego de intereses que permanecen ocultos. ¿Hablar de estas cosas es incriminarse en política? Toda la vida social y la memoria colectiva son parte de la política. Quien lo haga dentro del marco señalado de rigor científico y sensibilidad social estará cumpliendo un rol válido y necesario (Madrazo, 1999, p. 40).

 

 

Muchas gracias.

 

 

Bibliografía

 

Langer, E. (1990). Introducción. Andes. Antropología e Historia, Nº 1, 7-10.

 

Madrazo, G. (1999). La historia: deseo y pensamiento crítico. Andes. Antropología e Historia, Nº 10, 33-47.

 

Mata, S. (1996). Editorial. Andes. Antropología e Historia, Nº 7, 9.

 

Paz, G. (1995). Tierra y resistencia campesina en la Puna de Jujuy. 1875-1910. Andes. Antropología e Historia, Nº 6, 209-234.

 

Piel, J. (1995). Comentario. 1875-1910. Andes. Antropología e Historia, Nº 6, 171-178.